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Carlos Alexis.

Escritos Literarios

Tu Boca.

Tu Boca.

TU BOCA.

 

Hoy se abrió tu boca del alma, se abrió y pronunció palabras, vocablos que tomaron alas en forma de dedos largos, delgados, de uñas pintadas, por que tu boca hoy se abrió.

 

Tu boca escondida en laberintos, donde nadie ve ni nadie se enteró, hoy tu boca pronunció palabras, que penetraron cual rayo en mi ser. Sí… Hoy se abrió tu boca del alma, se abrió y pronunció palabras y no se calló.

 

Hoy se abrió tu boca del alma, se abrió y pronunció palabras, palabras que mi corazón soñó, embarcando por lejanos mares como buscando algo y que no encontró. Sí… hoy se abrió tu boca del alma, se abrió y pronunció palabras y no discutió.

 

Dulce princesa mía, venida de lejanos mundos que mi ser no conoció; te has sentado a mi lado para abrazarme con tu aire, el que mi corazón se guardó. Sí… hoy se abrió tu boca del alma, se abrió y pronunció palabras y su puerta no cerró.

 

Llénate de la esencia de mi alma, llénate para nunca mas partir, une tu cuerpo con el mío para siempre, donde solo yo te haré feliz. Sí… hoy se abrió tu boca del alma, se abrió y pronunció palabras para decirme Te Amo.

 

Autor: Carlos Alexis.

Maipú, 16 de diciembre del 2012.

 

ANGEL

ANGEL

El aire se renueva, el tiempo como el agua río abajo se va, haciendo siempre un lapso nuevo, que refresca, trae vida, calmando la sed que hoy mi alma despertó.

 

Sin saber como, sin darme el derecho a poderlo colegir, un ángel apareció, tras el horizonte, traía en su boca una palabra de espada, cruzó y partió mi espíritu, provocando estruendo cual rayo en noches de tormentas en mi interior, perdí la razón, no supe que sobrevino, pero sus palabras como cual semilla esparcida en la tierra, me hablaron profundo, fuerte, con vigorosidad, haciendo que me levantara de mi reposo que en su tiempo me fabriqué.

 

¿Quién eres le he dicho yo?, y el ángel solo me miró, de sus ojos salieron llamas que calcinaron mis conceptos, no volví a ser el mismo, por que luego su boca se abrió para decirme en vocablo de trueno, “soy lo que estabas anhelando”.

 

Al escuchar tan excelsa declaración, simplemente desfallecí, y al abrir mis nublados ojos, entre fulgores de claros de luz que mi retina recibió, estaba tu persona, y cuando he deseado hablar, mis labios fueron cerrados con tus palabras, las cuales me dijeron: “Soy yo… soy la que cambiará las razones que hasta hoy te sustentaron, por que ese sueño y cambio tuyo se llama como yo… y seré tu ángel, y a mi lado, y adherida contigo, nuestro fruto y fusión corpórea será según nuestra quimera rebelada, angelical”.

UN GLORIOSO AMANECER EN TUS BRAZOS

UN GLORIOSO AMANECER EN TUS BRAZOS

 

UN GLORIOSO AMANECER EN TUS BRAZOS

 

Mis magnas ilusiones tornan a vivir desde que desnudé tu alma hermoso cielo, mi vida se remoza cada momento que sueño a tu lado, nada se equipara al halagar tu dulce sonrisa blanca, que llena de grandes ilusiones mi corazón que solo sabe pedirme cada minuto tu estancia.

 

Me apasiono cotidianamente, por tener un delicado y especial amanecer en tus brazos de rosa, sentir tu cálida y envolvente voz susurrando en mis oídos tus deseos magnos, sentir el calor de tu piel, que me invita demandar tu protección maternal, acelerar todo mi ser con tus suspiros que me traen el mensaje de tu amor excelso y puro.

 

Eres el ángel que me obsequió sus alas y descansa en mi mar de pasiones, eres el ser que mis anhelos dibujó desde otra vida con la tinta de mi corazón que se embriaga con tus caricias, cual mosto venido de tus privados viñedos maduros y que me invitan a que yo sea el catador de los manjares tratados en los lagares de tu vientre.

 

¡Qué afligidas son las horas cuando no te hallas!, ¡Es que te extraño hasta el aire Mi Benevolencia!, mis reflexiones buscan tu presencia siempre, brindándote mis sentimientos anidados en lo más guardado de mí.

 

Ver un magno amanecer en tus brazos, ilumina mi existencia, ¡La felicidad me sonríe!, mi corazón palpita descontroladamente y mi cuerpo se llena de ti y se estremece hasta su límite.

 

¡Gracias Mi Angel de blancas alas por tu paciencia!, por no rendirte y llenar tu corazón con mi espuma, por entregarme tu paz en cada mirada, por calmar mis ansias y brindarle a mi vida esperanzas magnas.

 

UN GLORIOSO AMANECER EN TUS BRAZOS

 

 

DESEO.

DESEO.

 

DESEO.

 

Deseo que la lluvia caiga sobre tu cielo, que el mar susurre a la noche tu elevado nombre, deseo que mi vida se llene de color, que mi vida se llene de tu perfumado amor, que mi vida se llene de ti por las mañanas, por las noches, en momentos de lujuria excelsa y desenfrenada, deseo que la esencia de mis deseos deseosos, perpetuamente te añore en plenitud, que el llamado de mis poros por donde puedes descubrir la voracidad de mis deseos, te puedas dar cuenta que esto nacido en un tiempo que se perdió, jamás convenga el oscuro terminal del camino del encuentro, donde dos mundos que son el tuyo y el mío, se sientan en lo alto de la constelación para hablar los misterios del amor fogoso y ardiente, para que mi corazón nunca deje de anhelarte, en los especiales momentos cuando la brisa del aire, hace su amoroso encuentro con la piel de mi rostro.

 

Deseo que el camino nunca muestre el cesar de mis pasos que de tarde en tarde se agobian por los embates de la vida, que nada termine, que seamos la unión perpetua de la uña con la carne.

 

Deseo que una cálida mañana me mires profundamente con ojos de plata y luna, que me traspases con ojos de luz y miel, que leas mi verdad escrita con los tintes de mi amor, que puedas tomar entre tus manos el fruto magno de mi virilidad, para llenar los rincones de tu boca portadora de aquellos labios despertadores de mi lujuria escondida y tapada por mis temores y que hagas tuyo lo íntimo de la esencia magna del néctar de mi vientre, abriéndose paso por los tiernos tejidos de tu lengua mientras va dejando huellas en su sensible navegar por tu garganta, haciéndolo completamente tuyo, por que simplemente es tuyo.

 

Deseo deseo poder desear, deseo poder verte por siempre jamás, deseo poder ser tuyo bajo el caer del agua en la tibia ducha, deseo saber siempre que estarás, deseo que al abrir la puerta estés con tus brazos acogedores que muestran a mi alma, los claros signos de tu eminente sentido maternal que me muestran el camino a tus pezones y deseo que nunca cambies.

 

Deseo saber volar para ir a tu morada, perfumar el aire de tu lecho adornado de floreadas sábanas, deseo saber cantar a tu nombre, deseo saber de ti cada mañana, deseo siempre soñar, deseo tu rostro, dibujar tus pechos entre mis manos, deseo tu aroma y percibir con mi boca la sal de tu sexo.

 

Deseo que seamos uno solo bajo la lluvia, bajo la sublime suavidad de tus sábanas, sitio donde deseo amarte y llenar tus rincones con la solidez de mi serpiente mordedora y hambrienta por tus carnes y tus flujos, deseo ser el mismo que tú, deseo ser un solo ser contigo para llenar los espacios de este mundo y del otro.

 

Deseo poder desear lo magno de tus deseos.

 

Carlos Alexis.

 

 

 

Sin mí.

Sin mí.

 

Sin mí.

 

Cielito mío, sé que ninguna de las palabras que iré poniendo en esta carta bastará para separarte de este dolor. Pero accédeme para que me acerque a ti desde la sinceridad de las mismas: en ellas trataré de que este manifiesto no te deje tan llena de dudas.

 

Sé lo resplandeciente que ha sido nuestra especial amistad, sé que despoblarás los días al irte de mi vida, sé que me quedaré con el alma hecha trizas. Pero entenderás que nací en el mundo de manera diferente, puesto a perseguir una lejana esperanza que acaso sólo sea una utopía, inalcanzable como tal. Ahora te veré atando cabos, relacionando cosas que te dije con estas que te digo ahora.

 

Querrás acaparar en tu desdicha la razón de nuestra separación, y no podrás hallarle sentido a lo que te digo: nos separa el infinito, nos separa el amor.

 

No estoy huyendo de los compromisos, aun que se que es esa la apreciación que sostienes de mi persona, pero en cierta forma no estoy de acuerdo en ceñir los sentimientos en esas formas más elaboradas de la prisión, que son las reglas que postulan las relaciones formales de esta vida. No necesito para amarte que te sepas mi novia, o mi esposa. No me veo yo en esos roles porque la maldición de sentirme un espíritu libre me conduce inevitablemente a la soledad. Lo sé, tercamente voy hacia lo desconocido, y llevo conmigo un corazón que se cautivó de ti y no te olvidará. Pero tus expectativas, amada, son tales, que ya me veo no cumpliéndolas. Una torre de promesas querrás alzar para que no me vaya, y no podrás retenerme porque es mi muerte la que tira de mí. Apenas me deja en paz unas horas, me lleno de sueños imposibles y me imagino en esa casa soñada siendo la razón de tu existir, como potente jinete que cabalga en el caballo desenfrenado del amor. Pero regresa, regresa con la angustia y con los azotes de la sobriedad. Las tormentas de mi corazón van a dar contra la serenidad de sus murallas y mi marea se tranquiliza. Salgo del tiempo y veo que nada tendrá sentido si no obedezco a ese llamado, esa voz que me quiere libre, libre de tu prisión y libre de mí.

 

Me sueño águila sostenida en el aire por los ojos del día. Me sueño delfín en los mares añiles que ningún barco acarició con estelas de espuma y sacudones de proa. Me sueño mariposa transparente en un jardín que se sosiega al crepúsculo mientras se muere un poeta o un valiente. Me sueño en una galaxia remota, con estrellas proféticas anudando mis arterias a esos destinos colosales que uno asociaría con la palabra eternidad. Me sueño lágrima y puente, hombre de alas y hombre de besos, me siento latido rugido entrega risa torbellino mundo.

 

Hay días en que me denotabas que andaba muy callado, y es porque mi único amo, que es el silencio, tenía sus dedos en mi garganta y hacía huecos en mi ventrículo izquierdo, desde el cual una ventana y un hilo carmesí hacían tirabuzón en mi estrella del oriente, para no pronunciar lo que tu muchas beses anhelaste escuchar de mi. Ahora mismo sé que pensarás que deliro, y sin embargo, lo que acabo de decirte es perfectamente comprensible en el lenguaje que habitualmente manejo con los míos.

 

No. No cometas ese error: no te incluyo entre los míos, y no es porque no sienta algo por ti dulzura mía, es porque me refiero a aquellos que están ligados a la verificación de ese destino de libertad del que te hablaba en tantas oportunidades. Tú estás en otra vereda, otro sendero, tus pies de tierra caminan con alborozo los caminos de la tierra, tu belleza luminosa se estremece con la simple alborada, tus manos trabajan el mundo y lo hacen y deshacen sin mayores complicaciones.

 

Nosotros somos como habitantes forasteros, estamos de paso, ninguna casa es la nuestra, ningún árbol nos pertenece, sólo nos cobija el sol y nos consuela la luna, no dejamos huellas porque no somos del tiempo, nuestra patria se extinguió hace milenios, somos errantes y nuestra Sangre lleva lava y diamantes, lleva corales, lleva martirios, lleva una venganza que sólo sostenemos como meta trivial para seguir andando, lleva un sueño a cumplir allí donde se rasga el velo del mundo.

 

Ayer trataba de explicarte un poco cómo era todo esto. Pero noté en tus escritos que se opacaba intensamente tu mirada y preferías creer en hacer tejidos de amor en el aire húmedo, salpicado de incesables gotas deslizantes de lo alto, tratando de llevarte en su humedad una cuota de retracto susterranio, solícito de manjares dulces que tocaban la piel de tus rosados labios. Sí, esos mismos que despertaron en mis sueños la amorosidad de mi alma tormentosa y de mis dormidas sensaciones lujuriosas que muchas veces me trajeron su sabor dulce y refrescante, que también me hacían soñar y anhelar tu excelso arte de hacerme volar por las estrellas, con solo imaginar el magno secreto por ti confesado en aquella especial conversación telefónica, donde sin tapujos y sin ningún tipo de oscurantismo nos confesamos de nuestra manera de amar en la intimidad.

 

Me duele este momento, pero lo sabía: un día llegaría el instante de anunciar el destino de seguir sin ti. A tu lado fui tan feliz que si pienso en ello, se debilita la voluntad que tendrá que alejarte, y demoraré indefinidamente algo que tarde o temprano sucederá, insistiendo en herirnos y haciendo todo mucho más difícil. No me enamoré de otra mujer, aunque no sería raro en mí dado mi ánimo soñador y mi ocurrente lujuria. Simplemente te dejo porque me siento un guerrero. Puede que tus pensamientos, en este momento se digan que estoy hablando de más y tendrían en una de esas razón. Un guerrero no se enreda en tantas explicaciones, eso significa que intento vivir como guerrero y mientras tanto, cierta humanidad que en el fondo es debilidad, me lleva a realizarte alguna que otra confesión.

 

Dirás que soy despiadado: yo me enorgullecería de ello, aunque no concibas lo que te digo. Y al hacerte daño, reviso mis valores y reflexiono seriamente si quiero seguir en este camino. Y sí, me respondo que sí. Que sí. Seguiré porque acaso no tengamos nada más noble que obedecer el grito del destino, esa inasible fuerza que a veces, como vocación, nos lleva de un lado para el otro.

 

Creemos en el despego. No significa que siempre lo podamos ejercer con ligereza. Más bien nuestro despego está hecho de cierta costumbre que tenemos de despedirnos de todo en todo momento. Eso le da un relieve insospechado al presente, pero su precio es la ruptura que no se detiene de todos los atavismos que mal que bien, y como seres humanos, nos dan seguridad.

 

Hay un saboteador en nuestra sangre que continuamente malogra nuestra dicha con su sermón: todo pasará. Y esa misma frase viene en nuestro auxilio cuando un dolor nos ha despedazado: también pasará este dolor. A la luz de esta inobjetable verdad, disfrutamos de todo con la máxima intensidad, pues lo sabemos todo pasajero. Ahora veo pasar nuestros días felices, nuestros besos que viajaron por el aire, nuestras confidencias, tus pechos que estoy seguro que parecían hechos para caber en mis manos y en mi boca, la caricia de tus ojos de almendra puestos en los míos y amándome sin saber que un día te dejaría así, sin argumentos que pudieras considerar sólidos, dejando en el abrazo donde antes entraba yo, un espacio sin aire, sin fuego, un recuerdo que ni siquiera quiere insistir en quedarse contigo.

 

Amada y dulce Estrellita mía, acaso me sigas viendo de vez en cuando, aun que sea en tus recuerdos. No busques en mí a ése que te entregó una buena parte hasta hoy. Acongojado y lleno de contradicciones, he acabado hoy con él.

 

He quemado con fuego sepulcral de color violeta tus cartas de amor que refrescaron mi alma en algún momento, no usaré la ropa fabricada con tus dulces y tiernas palabras que me regalaste y que vestían mi corazón de calor y esperanzas nuevas. Lo que fuimos en dos semanas, ya es sólo un largo sueño maravilloso.

 

Exigencias brutales hoy me sacan de tu lado, algo así como el arte de quedarse liviano que significa dejarte, quedar Desprovisto de la costumbre de escucharte o leerte, de que estés en tu casa o en tu mágica cama que siempre soñé para llenarte completa de mis besos.

 

Por favor permítete el sabio perdón, no me odies porque yo no dejaré de recordarte jamás, ya que no tengo motivos para el olvido.

 

El guerrero se lleva a su siempre todo lo que adoró en la vida, no lo lleva como equipaje o accesorios, lo lleva en su constitución etérea. El guerrero deja el mundo pero está hecho de sus afectos, su tristeza, su voluntad, su hidalguía.

 

Amor de mi vida, tu nombre se queda grabado en las tablas de mi corazón, en mi sangre estás ahora, nadie usurpará ese sitio, quiero que seas feliz, muy feliz por siempre, sin mí.

 

Carlos Alexis.

 

Bendita tú.

Bendita tú.

 

BENDITA TÚ

 

La noche abre la puerta y entras tú, dulces pasos de sol y con luces de ternura rasgada, para llenarme de ti y de la suavidad de tu piel.

 

Sublime encuentro añora mi alma, lleno de tiernas promesas ardientes para matar con caricias que solo me otorgan amor del bueno.

 

El sol entra contigo hasta mi cama, te acercas y me miras y eres tú.

 

Dulce violeta de lejanos jardines, que vienes para curar las heridas de mi alma abatida, llena de pequeños cuadritos, por donde en ocasiones he recibido algún destello luminoso, pero que por extrañas circunstancias no encontraron morada y ya no están.

 

A tu lado no vuela el tiempo, a tu lado no pasa el día. Detiene su caminar el viento, cuando le cuento que tú eres mía.

 

Contigo se decir te quiero, lo extirpas con sublimes pujanzas cuando me entregas tus labios, fuente lujuriosa de mi fruto viril, estancia donde puedo confiar el néctar de mi vientre.

 

Bendita tú, sí, bendita tú por siempre.

 

Tú, que pones en mi boca y en mi corazón la verdad, cazando dulcemente con tu sexo la necesidad de amarte a cada instante, hasta lograr esa dependencia de tu amor.

 

Tú, que dejas el invierno si te vas a otros caminos, tú, que aproximas el verano si me miras con nobles y sublimes ojos. Sabes que a tu lado no vuela el tiempo, el reloj detiene su andar, junto a ti no pasa el día y detiene el viento su andar, cuando le cuento que tú eres mía.

 

Carlos Alexis.

 

Sus Palabras.

 

Han llegado de forma muy especial a mí  en estos días sus palabras, dándole un respiro de brisa fresca a la esencia de mi alma, colocando la especial pausa, a las turbulencias alineadas en el campo de batalla, exhibiendo en el fuego desorbitado, la mas profunda rigidez mostrada en el candente de su espada, no dejándome escapar de su furia manifestada, señalándome en sus garras, lo grande de su sombra y de la gran oscuridad que la envuelve.

 

No me prohíba sus palabras, que anhelo y necesito de gran manera, ya que son suyas y mi corazón hoy está necesitando un poco mas de usted, que me ha sido cual fuente fresca en manantiales, con dulces y cristalinas aguas de flor violeta, que me trae perfumes cálidos y envolventes que rodean hasta lo mas guardado de mi corazón.

 

Su ternura en vestido blanco, dando excelsas luces de tibieza magna, permite regocijar mi corazón bajo el alero protector de su extraordinaria y cercana mano, donde mi tormentoso actuar sin freno ha encontrado el importante y sin igual alivio, que le permite colocar la pausa al sound de la romántica y enamorada melodía de sus concejos, que me han venido cual si fuera la vital medicina, en las heridas que marcaron con su espada, los andares que mis pies alguna ves a mi llegó.

 

Hoy el sol con su brillo enarbolado, levanta voz de mando, para juntar los cuatro puntos del universo, donde el aire se ha sumado en cual tarea, invocando los extremos extendidos en inmensidades, abrazando por sobre las altas montañas y grandes llanos, aquellos puntos aún lejanos, para dar paso al néctar de su boca, fluida en forma de palabras blancas, que me traen la especial canción que ha compuesto para mí, aquel centro en usted guardado, que por nombre tiene corazón.

 

Gracias por otorgarme la especial dicha de llegar a usted, donde en un acto de reverencia, me quito mi calzado para entrar en el santuario de su alma, donde en pies desnudos camino con honores, dejando en su presencia perfumadas flores que he cortado del jardín de mi vida, que yo le ruego que reciba para hacerlas suya, donde usted será la dueña máxima, sumando así soberanía en sus reinares magnos, gobernando con la ternura de la vara de su amor, los rincones que delante de usted ahora se muestran.

 

Con cariño, Carlos Alexis.

 

Hoy, tu nombre se ha venido sobre mi.

Hoy, tu nombre se ha venido sobre mi.  

Hoy, tu nombre se ha venido sobre mi, haciendo y desatando sobre mi alma duramente acostumbrada a tu distancia, curtida a los millones de espacios que nos separan, levantando fuertes vientos temerosos, alocados torbellinos y torrentes de la mas pura y sin igual melancolía, que me hace presa e inenarrable víctima, de sus duros, férreos, rígidos, y oscuros barrotes negros, que como cual verdugo se levanta para privarme de mi libertad.

 

¿Libertad?, ¿que es eso?, ¿acaso será una nueva era o algún pensamiento azul olvidadizo?, vagante por lo que llaman tiempo, dando ciencias y clases de eso que se denomina libre albedrío. En realidad no lo se, me a cavo de perturbar, no se, si la libertad es el andar solo los caminos, o es tener dispuesto un reconfortante puerto u oasis donde llegar.

 

El caminante solo anda, día y noche solo sabe andar, su mirada se pierde en su horizonte que nunca llegó. Eso que sus ojos miraban y sus manos pretendían lograr, que parecía luego alcanzar, por mas que andaba y así fue, juntamente con el aire se esfumó.

 

Si tu nombre me ha de quitar el derecho de mi yo, prefiero estar así preso a esta dulce y tierna condena, me da luz, norte y fuerza, para hacer y sentir la vida, con la dura rigidez de la sentencia del corazón.

 

Hoy, Tu nombre se ha venido sobre mi, despertando en mi alma, con la fuerza de tu volcán y con el candente calor de tu lava temible, Las pasiones ocultas y románticas que ahora están como mas cercana a mi sentir de piel.

 

Que tu nombre, nunca sienta en sí, la cruel necesidad de no hacer acto corpóreo con su presencia sobre mi, ya que me haría desfallecer, caer profundo, a lugares de oscuridad, donde se halla la nada, donde el silencio ha cimentado su morada, por que eso me derriba y me afligiría y siento que condicho acto, se me va la vida.

 

Hoy, tu nombre se ha venido sobre mi, para decirme cosas, secretos innombrable y cantarme dulcemente una nota de tu amor, trayéndome tiempos, luces guardadas en el cajón de los evocamientos, donde los tiempos han confiado su sombra, perfumando con sus flores, vivencias que tu y yo hemos tenido y que deseo volver a revivir, por que eso, mi amada bien, es mi razón de ser.

 

Hoy, tu nombre se ha venido sobre mi, para envolverme en su abrigo, en su espuma blanca, en su ternura, en su calidez, bajo sus halas, que se abren para recibirme y rodearme y guardarme bajo ellas y traerme tu paz.

 

Hoy, tu nombre se ha venido sobre mi, haciéndome llorar de emoción en su presencia, acongojándome en mi existir delante su mirada y para consolarme, me ha cedido tu rostro.

 

Hoy, tu nombre se ha venido sobre mi.

 

Autor: Carlos Alexis.